Now in Margarita con un par de asuntos sin resolver estoy considerablemente más tranquilo. En teoría mi seguridad no peligra tanto. Sin embargo, hoy, noche de insomnio, me he puesto a pensar en todo lo que he perdido, que sin juzgar el hecho de su ausencia, no puedo evitar darme cuenta que me duele.
Entre todas las cosas que ya no están, hay una persona en particular cuya pérdida lamento en el alma. Es una chica que conocí hace unos siete años cuando estudiaba en la UCV, estaba en la misma clase y la conocí por medio de su anterior pareja: una chica también. A esta persona la adoré, como quien adora a un hermano, porque en muchos momentos difíciles estuvimos juntos. Para mí hubo tres momentos muy duros en los que me acompañó. El primero fue mi aceptación de la homosexualidad, o mejor dicho, el entender que es posible ser homosexual-mente abierto con el mundo y que ello no necesariamente conlleva a un infierno social, porque el yo con yo, estaba bien.
El segundo momento fue la enfermedad de mi abuela. Una noche la acompañaba en la clínica, y su habitación estaba al lado de la UCI, y a eso de las 2 de la madrugada murió un niño de 5 años; razón más que lógica para que su familia formara un escándalo de gritos de dolor hasta pasadas las 6 de la mañana. Yo, emocionalmente muy inestable porque la situación de mi abuela, (mi madre, sin duda alguna) la llamé y ella habló conmigo durante toda la noche. Al día siguiente estaba llegando en un avión desde Caracas.
El tercero fue, sin duda alguna, la muerte de mi abuela. Cuando me llamaron para darme la noticia estábamos acomodándonos para ver un musical en casa, recuerdo que era un musical pero no recuerdo el nombre. Mariela no dijo una sola palabra; tomó un bolso, metió dos franelas y dos cambios de ropa interior para los dos y salimos rumbo a Maiquetía.
Yo, por mi parte, le brindé a ella el más sincero de los quereres. Le abrí las puertas de mi casa sin pensarlo dos veces cuando ella lo necesitó, le serví de chófer en innumerables ocasiones, intenté enseñarla a manejar (pero coño, es que le cuesta de verdad... me chocó el carro), la acompañé en la enfermedad de su tía (su madre). Cuando murió su mamá me avisó una amiga, muy amiga, que tenemos en común; sin hablar con ella tomé un vuelo a Caracas y fui a tener al pueblo donde vive su familia que es más o menos a una hora de la ciudad capital.
Las circunstancias de la vida, malas decisiones y, sobre todo, la imposibilidad de reconocer responsabilidades propias, de parte y parte, hicieron que nos alejásemos. Van dos meses ya, sin ninguna intención de restablecer comunicación, y me duele su partida.
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