lunes, 8 de abril de 2013

Inicio del viaje

Parece mentira todo lo que ha sucedido en los últimos 6 meses con mi vida. Se ha convertido en una que no conozco, y honestamente no es que esté demasiado emocionado por vivir. A ver, tampoco es que mi vida ha sido un paraiso terrenal, pero en buena medida ha sido relativamente estable... para lo bueno, y para lo malo.

Desde noviembre de 2012 pasé de invertir todo mi dinero en mi empresa, que se supone sería exitosísima, a que me secuestraran y me quitaran todo lo que tenía, y a los 24 años había conseguido tener lo suficiente como para vivir más que comodamente desde los 19. Había sido una mezcla de hombre inteligente y cierta cantidad de oportunidades. Pues bien, eso se ha acabado.

En 5 días exactamente agarro mis maletas, mi carro, y me devuelvo al sitio de donde tanto quise salir. No, no es la casa de mi mamá, porque viviré on my own, pero sí a una ciudad calurosa, con el mar por los cuatro costados, en donde la gente habla y camina como a 25km menos de lo que lo hacemos en Caracas. Una ciudad en la que los puentes venezolanos se traducen en inmensas colas de carro, de gente y de mocosos everywhere, sin que esto signifique necesariamente un ingreso económico importante para los negocios. Una ciudad en la que la cultura no existe, en donde no hay obras de teatro todos los viernes a las que religiosamente asistía. En fin, me devuelvo a Margarita.

En este punto estoy convencido que me equivoqué de carrera (nunca la he ejercido por un sueldo, siempre ha sido una especie de hobby en el que le salvo la vida a la gente) y la carrera que siempre he soñado estudiar, se ve cada vez más lejos gracias al denigrante e injustificado sistema de ingreso a las universidades venezolanas. Es que no es lo mismo estudiar Medicina a los 18 que a los 25.

Me iré a Margarita esperando conseguir un trabajo que mensualmente me proporcione, por lo menos, cinco mil bolívares para medianamente sobrevivir. Comenzar alguna carrera que, según nuestro políticamente correcto sistema laboral considere atractiva, y la que seguramente odiaré.

Siempre me gustó la locución, y ahora que recuerdo esa es otra cosa que me quitaron los secuestradores. Un pensamiento al aire.

En todo caso, veremos cuanto tiempo conservaré la cordura antes de comvertirme en un ser humano, así en minúsculas, común y corriente.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario